16-08-2019 Cantonad,Losa,Oña

¡

  Este año comenzábamos un poco más tarde las actividades “de campo”, y así después de haber contactado con Javier Moreno, más conocido como Padre Javi, por su condición de sacerdote, nos planteábamos viajar a ese, más que interesante, enclave en el norte de la provincia de Burgos, como es, el Valle de Mena; que ya habíamos estado en alguna otra ocasión, cuando nos enseñó con detalle las Iglesias de Siones y Vallejo, pero esta vez el interés era bien distinto.

 

Javi estaba a punto de cambiar de residencia y destino en esos días, ya que se trasladaba a Laredo, para seguir con su trabajo y por ese motivo quiso invitarnos a comer en su casa situada en el Santuario de Cantonad; una pequeña ermita situada en una loma que domina todo el Valle, y la verdad un lugar sencillo, tranquilo y muy acogedor donde pierdes la noción del tiempo y el espacio.

  Ya nos estaba esperando, cuando puntuales, llegábamos a la cita. Acompañado de su amigo Tono, que cordialmente se interesó por nosotros y nuestras actividades. Mientras llegaba Samuel, el invitado que faltaba, fuimos preparando mesa, mantel y comida, todo en un gran ambiente de cordialidad y desenfado.

Cuando ya todo estaba preparado llegó al fin Samuel… ¡Oh cielos! si se trata de Ekai…el joven que ya conocíamos y que no te deja impasible cuando escuchas su historia, que, dicho sea de paso, es merecedora de un cuaderno aparte.

  Nadie dudaba de que aquel ágape fuera a resultar interesante. Javi, con cuatro titulaciones universitarias, Tono con un impresionante bagaje de sabiduría y experiencias vividas, Samuel, un joven ruso fugado de su casa a los seis años por problemas familiares adoptado por una familia monoparental y que habiendo estado “enganchado” a la cerveza y que recorriendo el Camino de Santiago, quiso el destino llevarle hasta la iglesia de Villasana, donde Javi lo recogió, y “Zipi y Zape” (José y Tomas) con los ojos y oídos bien abiertos…¡uf!...no hubo tiempo suficiente.

  Todo acabo en una, más que cordial despedida, que no para siempre. Nos dio mucha pena abandonar el lugar, pero ahí está esperando.

Bajo un sol que caía a plomo, iniciamos el camino a nuestro siguiente destino, pero era necesario tomar ese café que marca el final de una buena comida. Crucero de Montija, parada y fonda, cambio de caballos en la diligencia. El primer establecimiento hostelero que vemos con un espacio tan adecuado y funcional para los niños, merece la pena verlo

  Todo acabo en una, más que cordial despedida, que no para siempre. Nos dio mucha pena abandonar el lugar, pero ahí está esperando.

Bajo un sol que caía a plomo, iniciamos el camino a nuestro siguiente destino, pero era necesario tomar ese café que marca el final de una buena comida. Crucero de Montija, parada y fonda, cambio de caballos en la diligencia. El primer establecimiento hostelero que vemos con un espacio tan adecuado y funcional para los niños, merece la pena verlo.

  Venga que ya nos queda menos, camino del Valle de Losa. Disfrutando del paisaje, que para Jose resultaba novedoso, llegamos a San Pantaleón. Después de la penosa subida por una carretera más que estrecha llegamos a la ermita.

No deberíamos extendernos en su descripción ya que el lugar, de por sí, resulta espectacular y digno de visitar con calma. Pequeña pero interesante por diversos motivos: joya románica, vestigios y leyendas templarias, etc. Fue una pena que no estuviera en aquel momento una persona a su cargo para informar sobre algunas de las características, como ya lo han hecho en otras ocasiones, pero a pesar de ello la visita resultó provechosa.

  Se hace ya la media tarde, y nos separa una corta distancia de Oña, nuestro último objetivo. Tuvimos la gran suerte de poder estacionar el coche en el lugar que a propósito yo conocía.

  Que decir de Oña, otro enclave digno de visitar. Un refrigerio en su plaza, y merecido descanso, antes de participar en el evento que desde hace años se viene realizando y conocido como “Cronicón de Oña” que hace participar a más de 160 personas para su evolución. Se trata de una representación escénica que narra la historia del pueblo y su participación en la creación del Reino de Castilla. 

 

Unos medios técnicos y humanos a la altura de las circunstancias actuales, que no dejan indiferente a ningún visitante y espectador. No estaba permitido tomar fotos del evento lógicamente.

 

  A eso de la medianoche, cuando acaba, decidimos que, no podíamos marchar con el estómago vacío, nos esperaba algo más de una hora de vuelta a casa.

  En fin, una jornada digna de recordar por intensa y emotiva.